Bondage (BDSM)

Bondage, juegos sexuales de dominación y sadomasoquismo

En la exploración de la sexualidad para obtener los más intensos placeres, todo vale, incluyendo esta excitante práctica denominada bondage, que si bien se destaca por la imposibilidad de libertad de movimientos, es una de las más buscadas para dar rienda suelta a las más explosivas sensaciones eróticas. Así que saca las cuerdas y déjate llevar. La forma en que esta variante del sadomasoquismo, la conjunción de placer-dolor que tanto tabú genera a su alrededor y por ello mismo es que tanto atrae y seduce, aborda la sexualidad y el erotismo, es que la persona da su consentimiento para ser atada, tanto desnuda o vestida.

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Esto genera una sensación de desbordante placer, tanto para quien cumple el rol activo como para el que se deja atrapar entre lazos, esposas, cuerdas o cualquier otro elemento que le imposibilite moverse total o parcialmente.

Las ataduras con cintas, cuerdas, cadenas y esposas, implican un doble placer que te invitamos a experimentar desde el rol que más sientas que aumenta tu libido: quien ata es dueño de la sensación de poseer, se subyugar y doblegar, lo cual intensifica el deseo sexual. A su vez, el hecho de que no siempre exista contacto sexual, eleva la temperatura y el morbo a niveles exquisitamente insoportables. Por su parte, quien es atrapado en esas sugerentes ataduras, experimenta el placer que las mismas brindan al presionar las diferentes partes del cuerpo y, lo que este juego sadomaso te tiene preparado para un goce total, la excitante sensación que producen las propias sogas al rozar la piel. Una intensificación de esto último es lograda mientras eres sometido por tu pareja dominante e intentas liberarte con inútiles intentos que te llevarán tus sentidos al límite de una delirante locura de placer inacabable. Esta sensación de impotencia es parte del juego roles dominador-dominado, en dónde el poder está en manos de quién puede cortar esas sogas pero que disfruta al prolongar el sometimiento de su pareja.

El integrante de la pareja que cumple el rol dominante, mediante este técnica puede someter al otro de muchas formas, entre la que se encuentra la Disciplina, una imperdible sesión de azotes flagelantes, que pueden ser recibidos en las piernas o en los senos, por ejemplo y para los cuales se emplea un instrumento como el flogger. Muchas personas experimentan un gran goce, tanto al ver las marcas que el implemento deja en la piel de su compañer@ y sentir los gemidos que gracias a ellas van llenando el ambiente de morbo, como también raya casi en lo adictivo la sensación generada al ser castigado en un contexto de alto voltaje erótico.

Cuando los golpes son llevados a cabo en las nalgas y con la mano, estamos hablando de Spanking, el cual es un juego clásico pero muy estimulante para ambas partes. Te proponemos que si aún no lo has probado, lo practiques con tu pareja en posición de perrito mientras la penetración está teniendo lugar y, por supuesto, alguna parte de tu cuerpo se encuentra amarrada, imposibilitando el movimiento.  La mujer que así recibe nalgadas encontrará un orgasmo más intenso y gozará lo indecible con cada golpe, ya que el mismo estimula terminaciones nerviosas y anticipa una explosión de placer llegado el momento del clímax. Al ser el hombre quien los recibe, la adrenalina corre al someterse a su “domina”, quien es su compañera femenina que en ese momento toma el control y lo somete de este modo.

Estas formas no convencionales de vivir y practicar la sexualidad, encontraron un término que las definiera a comienzos de los años 90: BDSM. Las mismas cuentan con millones de adeptos de todas partes del mundo, quienes han optado por llevar el placer al extremo físico y psicológico con el fin de aumentar su caudal y potencial sexual.

La práctica de ser atado con fines eróticos y sexuales está asociada a la quietud durante la relación sexual o los fines estéticos o visuales para los que se usa. El placer que propone es asimétrico, con esto nos referimos a que una persona se encuentra por encima de otra en lo que a dominación se refiere y se establecen vínculos tales como patrón-empleado, dueño-mascota, policía-detenido, entre otros. ¡Atrévete a explorar! Aduéñate de la sensación de convertirte en uno de estos emblemáticos personajes y trata a tu pareja de forma tal como si fuera un prisionero a tu merced o una mascota a la que obligas a hacer lo que tú quieres o, si lo prefieres, déjate someter y haz lo que tu dueño te ordene. En este tipo de juego, entra la Humillación, otra forma de abordar el sexo que, siempre y cuando siga el precepto número uno: que sea consensuada por quien haga el rol de humillado, aporta un caudal inagotable de posibilidades excitantes. Humillar o dejarse humillar tiene dos vértices que, para lograr un total efecto de éxtasis, deben ser abordados al máximo: físico y mental.

En el primero de ellos, es decir el físico, la persona es transformada en un objeto o un animal cuyo único objetivo es satisfacer a quien la está sometiendo. Imagínate cuán salvajemente placentero puede llegar a ser “convertirse” en una muñeca inflable recién comprada por un pervertido ejecutivo que le obsesiona el sexo sado... ser un instrumento de placer para el otro, sin importar tus sentimientos, tu dolor, tu indignación... ser una cosa... ¡qué comience el juego!

El segundo aspecto, el que abarca la parte mental, es el que puede llegar a brindar más adrenalina y placer: saber que el otro sabe lo que le estamos haciendo. El hecho de imaginarse lo que la otra persona puede estar sintiendo al ser tratado, hasta manipulado podríamos decir, como un consolador, un perro, una vagina de plástico, una pared, una prostituta... y mil cosas más. Parte del juego es obligar al sometido a hacer cosas que lo hagan sentir disminuido, destratado... completamente humillado. ¡Pruébalo! No esperes a mañana para convertirte en ese objeto que enloquecerá de placer a quien te enloquece a ti... ¡adelante!

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