Disfraces eróticos y atuendos para provocar sensualmente y jugar

Publicado el 14/10/2016

Un simple y pequeño cambio puede ser suficiente para quebrar la monotonía en nuestras relaciones sexuales. No hay por qué probar prácticas radicales y que no sean de nuestro agrado. Un traje erótico puede ser aquello que tu intimidad necesita para salir del aburrimiento y brindar renovadas experiencias sexuales.

Prácticamente inevitable y natural, gran parte de las parejas que están juntas hace mucho tiempo suelen recaer en momentos de monotonía o poca actividad sexual. El tiempo hace estragos y a veces, tanto trabajo y estrés nos impiden disfrutar del sexo como antes.

Pero destinar momentos para la intimidad resulta indispensable para todas las parejas, sin excepciones. Por ello, existen múltiples accesorios y alternativas para reavivar el deseo sexual y encender la pasión de nuevo.

Un ejemplo son los trajes eróticos, una prenda ideal para hacer aflorar las fantasías sexuales, un poderoso combustible para activar la llama y arder de excitación junto a tu pareja.

La vivencia libre de los deseos y fantasías sexuales depende de nosotros. Dejar volar la imaginación hacia aquello que nos gusta y estimula, para luego cristalizar todo eso en la realidad, durante los momentos de anhelada intimidad.

Gracias a los disfraces eróticos podemos cumplir y complacer nuestras más hondas fantasías, jugar libremente e incluso comunicarnos con nuestra pareja de un modo inhabitual. Eso sí, hemos de procurar dejar fuera todo tipo de frenos, prejuicios, temores y vergüenzas. Bajo absoluto consenso, estrechar vuestros cuerpos sin ninguna clase de inhibiciones. 

Ya sea disfrazada de policía, como india, vampira o temible diablesa. No importa cuál sea el personaje, es cuestión de sentirse cómodos y elegir la opción que más nos plazca. Pero para facilitar la labor, a continuación unos consejos mínimos sobre cuál sería el traje erótico más adecuado.

Piensa bien la fantasía para integrarte plenamente en el juego sexual

Un buen punto de partida es decidir cuál será la finalidad, o mejor dicho, cuál será el juego. Por ejemplo, el deseo de experimentar los placeres que conceden determinadas situaciones y personajes.

Si a ambos os excita lo mismo, sería lo ideal. Así pues disfrazarse de un mismo tipo y situación es ideal, de esta forma podréis vivir mejor la fantasía. Desde el lobo y caperucita, doctor y paciente, jefe y empleada doméstica, cura y monja, o estudiante y profesor o profesora.

Las alternativas posibles son incontables, siendo las preferencias y la variedad han de ser el único criterio de selección.

Ajustarse no sólo al cuerpo, sino a la personalidad

Además de sentirnos cómodos al llevarlos, los trajes eróticos deben ir en sintonía con nuestra propia personalidad. Para que el juego no pierda encanto ni excitación, en el instante de interpretar personajes y recrear ciertas situaciones, es fundamental que ambos os encontréis relajados y a gusto, de tal forma que nada sea forzado.

Potenciar lo mejor de cada uno

A la hora de escoger por un disfraz erótico u otro, no sólo es importante el criterio de nuestras preferencias y deseo. También sería conveniente optar por aquellos trajes que permitan potenciar lo mejor de cada uno, ya sea resaltar el busto, las piernas, la cola o el pene, así como esconder o tapar un poco esos atributos que no nos hacen sentir del todo cómodos.

La idea es, simplemente, sortear la monotonía. Jugar, divertirse, gozar plenamente, y trasladar a la realidad las íntimas fantasías que revolotean en nuestra cabeza y que nos excitan, vistiéndonos especialmente para la ocasión.

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