Liberemos la mente jugando al bondage

Publicado el 13/09/2016

Tal como en todas las instancias de la vida, en la sexualidad todo acto necesita de un pacto de las normas en la pareja. Si no existe este acuerdo, si uno de los dos no disfruta, allí se encuentra el único e infranqueable límite. Pero en caso de querer iniciarse o volver a experimentar los placeres extremos del bondage, es posible adquirir juguetes eróticos idóneos para disfrutar al máximo de esta práctica sexual.

El deseo de ambos por descubrir nuevas experiencias, así como las ganas de complacer al otro, suelen llevar a las parejas a incorporar nuevas experiencias en su vida sexual. Entre la gran variedad de juguetes eróticos disponibles en el mercado, existe una gama de artículos diseñados específicamente para poner en práctica los placeres envueltos en el bondage.

En inglés “bondage” significa “esclavitud” y en francés “cautiverio”. Exactamente esta práctica sexual se basa en inmovilizar parcial o completamente a una persona, ya sea desnuda o vestida, antes o durante la relación sexual, a través de nudos, cuerdas, bufandas, corbatas, esposas, cadenas, trozos de tela u otros accesorios que permitan recrear un acto de dominación, sumisión e indefensión.

Estos y otros juguetes eróticos intervienen directamente en los instantes de la excitación, gracias a la presión, sujeción o roce que ejercen y las sensaciones que despierta en las distintas zonas erógenas del cuerpo.

El bondage puede realizarse con ataduras en todo el cuerpo; sólo en una parte, como ser en tobillos y manos; o privando uno de los sentidos y vendar, por ejemplo, únicamente los ojos. En muchos, estas situaciones producen elevadas sensaciones de placer.

Existen múltiples juguetes eróticos pensados para maniatar, desde esposas y máscaras, cintas, sedas o grilletes. También otros complementos, como coloridos antifaces, máscaras negras, mordazas, azotadores o fustas. Toda una serie de instrumentos que sirven para romper con las actividades sexuales habituales y abrir un nuevo plano de estimulaciones para ambos.

La práctica del bondage es una fuente de excitación y erotismo. Requiere de liberación mental y una relajación absoluta, para así disfrutar los juegos de la vulnerabilidad y sumisión. Quien se encuentra inmovilizado confía plenamente en el otro, otorgándole un poder sobre su cuerpo y dejándose llevar por sensaciones tan diversas como intensas. Cuando jugamos al bondage se segregan hormonas como la adrenalina o la oxitocina, generando una combinación ideal de calma y placer… 

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