Afrodisíacos naturales, ¿mito o realidad?

Publicado el 13/12/2016

A través de la historia muchos han sido los métodos usados por el hombre para aumentar la libido y el apetito sexual, algunos de dudosa eficacia pero que cumplían como afrodisíacos debido al llamado "efecto placebo", no tenían una respuesta del organismo frente a éstos pero el cerebro los asimilaba como tales.

¿Que son los afrodisiacos?

Cuando hablamos de afrodisíacos a más de uno nos viene a la cabeza algunos alimentos que rápidamente asociamos al aumento del apetito sexual. Sin embargo son pocos los estudios fiables que corroboren creencias que en muchos casos se remontan a tiempos ancestrales y que han llegado hasta nuestros días como una verdad exacta debido en muchos casos al efecto placebo que producen, son ideas tan arraigadas que nuestro propio cerebro las interpreta como verdaderas aunque la respuesta de nuestro organismo, médicamente hablando, es prácticamente nula. A pesar de ello no deberíamos descartarlos como afrodisíacos ya que obtenemos de ellos lo que se pretende que es mejorar el apetito sexual.

Centrándonos sólo en aquellos alimentos que realmente producen un estímulo o una respuesta de nuestro cuerpo frente a diversas sustancias que mejoran la libido tenemos un espectro muy limitado de los que podemos hacer uso.

Recientemente en un estudio publicado en la revista 'Food Research International' realizado por el profesor Massimo Marcone, de la Universidad de Guelph (Ontario, Canadá), tan sólo existen dos verdaderos afrodisíacos: el azafrán y el ginseng, y otros posibles alimentos que pueden ayudar aunque no está del todo demostrado como son el ajo, el clavo, el jenjigre y la 'yohimbina', un alcaloide presente en una planta africana denominada 'yohimbe'.

Para el profesor Marcone y su equipo el resto de sustancias o alimentos catalogados por la sociedad como afrodisíacos no dejan de ser meros placebos que no modifican, o lo hacen en una proporción muy baja, la conducta sexual de hombres y mujeres.

Llegados a éste punto seguramente a más de uno o una le sorprenderá que no hayamos mencionado siquiera el chocolate, pero basándonos en estudios médicos más o menos fiables son pocas las referencias que nos hacen pensar que realmente lo sea. Algunas fuentes explican que quizás en ciertas personas produzcan un efecto estimulante gracias a alguno de sus ingredientes como la 'feniletilamina', un compuesto que se piensa que puede tener relación con el aumento del nivel de serotonina y endorfinas en el cerebro.

No deja de ser sorprendente que en pleno siglo XXI sean tan pocos los alimentos catalogados como afrodisíacos en el ámbito médico cuando existen no pocos afrodisíacos artificiales a nuestra disposición, quizás por falta de inversiones o porque no interesa su conocimiento.

El sol como afrodisiaco

No quiero terminar éste artículo sin arrojar un rayo de luz a todas aquellas personas que buscan la estimulación de forma natural, un recurso inagotable (al menos en un futuro aún muy distante), y que produce innumerables beneficios sobre nuestra salud, no sólo mejorando el apetito sexual: el sol.

Y es que científicos austríacos han descubierto que los rayos solares -tomados con moderación ya que su abuso favorece la aparición de cáncer de piel- puede mejorar la libido, principalmente en los hombres, dado que los niveles de testosterona aumentan considerablemente con la vitamina D (llamada también calciferol o antirraquítica) que produce nuestro organismo al recibir los cálidos rayos del sol. Éste nutriente esencial también puede consumirse en pescados grasos como el salmón o las sardinas y casi en cualquier producto lácteo, pero se produce principalmente cuando la piel es expuesta a los rayos solares.

Hay muchos otros alimentos que no hemos citado que son vox populi como la canela (usada desde hace miles de años como estimulante sexual), las ostras, el caballito de mar o el cuerno de rinoceronte que, aunque a los occidentales nos parezca algo rarísimo su consumo en la zona de Asia es muy común.

Al final cada persona es un mundo y nuestro metabolismo no funciona de la misma forma frente a un mismo alimento, sólo nosotros mismo podemos afirmar qué nos resulta afrodisíaco y qué no, aunque no haya un estudio que lo corrobore.

 

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